- Hola Ariadna, soy la doctora Ruiz y estoy aquí para escucharte y ayudarte.
- Hola señora, mire no es por nada pero no necesito ayuda ¿Entiende? Ni tampoco le voy a contar mis problemas ni nada de lo que me pase – le solté. La doctora estaba alucinando con mi súper discursito y eso que no le he dicho lo que pensaba <<>>, pero claro no se lo he dicho, después de todo mis padres me enseñaron modales, aunque la mayoría se me hayan olvidado.
- Entiendo que es difícil para algunas personas sincerarse pero entiende que es por tu bien. Puedo preguntarte… ¿Por qué lo hiciste?
- Ya lo ha hecho, y está loca si piensa que le voy a contar algo.
- Por favor Ariadna, solo dime si tuviste muchos motivos, si la idea te rondaba desde hace tiempo en la cabeza…
- Pues si, tuve muchos motivos, los cuales no pienso contarle y la idea de suicidarme se me ocurrió en el momento, nunca pensé detenidamente en hacerlo – mentí.
- Entonces, si no me equivoco ¿la idea de suicidarte fue provocada por los últimos acontecimientos que te han pasado? – asentí con la cabeza, aunque fuera una gran mentira – un detonante… Quizás, ¿La muerte de tus padres tiene algo que ver?
Miles de recuerdos me asaltaron cuando los nombró… la muerte de mis padres solo era la punta del iceberg, solo es la causa de que yo hoy sea lo sea, con todo lo que eso conlleva. Se podría decir que es como ese efecto de causa y consecuencia. Con ese efecto se podrían explicar muchas cosas de mi vida.
- La muerte de mis padres fue hace ocho años – le dirigí una mirada furiosa – lo superé hace años.
- Pero la experiencia fue traumática para ti – insistió.
- ¡Joder! Le he dicho que eso no tiene nada que ver – la psicóloga esa ya me estaba haciendo perder los nervios.
- Entonces, ¿tienes problemas en el orfanato, el instituto o con los amigos?
- No, todo me va fenomenal – mentí.
Si la gente supiera quién son mis “amigos” se escandalizarían y haría mucho tiempo que yo estaría en un reformatorio, y no exagero.
Estuvimos hablando un rato más. Ella haciéndome miles de preguntas. Yo igual que siempre, sin contestar o si lo hacía, mintiendo. Esa mujer era persistente, hay que admitirlo.
La semana pasó larga y aburrida. Solo me visitaban las enfermeras para darme medicinas, médicos para ver y controlar mi estado y la psicóloga volvió dos veces más después de aquel día, pero se podría haber ahorrado el viaje, como siempre, yo no soltaba prenda, ni lo pensaba hacer. El director de mi orfanato me visitó un día para ver cómo me encontraba y decirme que en dos días él vendría a por mí. Lo único un poco importante fue la visita de Lucas.
Lucas era el chico más cercano a mí de todo el orfanato, ha pasado toda su vida allí, lo abandonaron en las puertas del edificio el mismo día que nació. Nunca le ha importado eso, decía que él se podía valer por sí mismo, exactamente lo mismo que decía yo. El próximo año abandonaría el orfanato ya que solo le faltaba un año para los dieciocho. El tenía un año más que yo e intentaba cuidarme y guiarme por el buen camino, en plan “hermano sobreprotector”, pero era demasiado tarde, yo ya me había echado a perder. Él era una de las pocas personas a las que yo apreciaba.
Castaño, ojos verdes y muy alto. Estaba frente a mí y me miraba seriamente mientras se acercaba y me besaba en la frente.
- Hola Ari ¿Cómo estás? – me miraba tiernamente y entonces me sentí una mierda por no haber pensado hasta entonces en él. Pero como siempre para no mostrar nada estaba mi mascara fría e inexpresiva, la máscara con la que todos me conocían, nunca me la quitaba, a no ser que estuviera sola y así y todo no solía hacerlo.
- Bien, ¿Cómo es que estas aquí? Dudo que te hayan dejado salir para verme.
- Tienes razón, me he escapado. Por el patio trasero, ya sabes.
En el patio trasero, oculto entre los arbustos y árboles que rodeaban la valla de hierro, había un agujero lo bastante grande como para que una persona pudiera pasar agachada. Solo Lucas y yo sabíamos que existía. Yo solía utilizarlo para fugarme e irme por ahí, pero Lucas no, por lo que me sorprendió que lo hubiera hecho, pero no le dije nada.
- Oh, claro. ¿No te habrán pillado verdad?
- Ari, ¿Por qué lo hiciste? – fue directamente al grano. Sabía que Lucas era muy perspicaz y sería difícil engañarlo por lo que me tendría que ajustar lo más que pudiera a la verdad.
- Joder… últimamente no saben hacerme otra pregunta. – sabía que no lo desviaría tan rápido del tema, pero no pude evitar intentarlo.
- Ariadna, no me cambies de conversación – me miraba duramente y pude advertir por las líneas de la mandíbula que apretaba los dientes, claramente estaba tenso - ¿Por qué lo has hecho?
- Por nada…
- ¡Eh! Mírame – me ordenó, me cogió la barbilla con la mano y me obligó a levantar la mirada – yo no me voy a tragar esa mierda de que estas bien y que no ocurre nada… joder Ari, soy yo, no el director ni ningún loquero, sabes que me puedes contar lo que sea.
- Te he dicho que no me pasa nada joder, en serio, créeme…
- ¡Me lo creería si no fuera porque has intentado cortarte las venas! – me interrumpió, me miró intensamente y en un momento su expresión cambio a una mezcla de cansancio y preocupación - ¿Es por ellos verdad?
- ¡NO! Todo lo que me ocurre no es su culpa ¿sabes? – no me apetecía discutir con él, y menos sobre ese tema.
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